Guardianes de la Tierra
La Tierra, nuestro planeta natal, es un mundo diferente a los demás. Tercer planeta más alejado del sol, la Tierra es el único lugar del universo conocido en el que se ha confirmado que existe vida.
Con un radio de unos 6371 kilómetros, la Tierra es el quinto planeta más grande de nuestro sistema solar, y es el único que se sabe con seguridad que tiene agua líquida en su superficie. La Tierra también es única en lo que respecta a su nombre. Todos los demás planetas del sistema solar recibieron el nombre de una deidad griega o romana, pero durante al menos 1000 años, algunas culturas han descrito nuestro mundo utilizando la palabra germánica "tierra", que significa simplemente "el suelo".
Nuestro baile alrededor del Sol
La Tierra orbita el sol una vez cada 365,25 días. Como nuestros
años naturales, según el calendario gregoriano por el que se rige el mundo occidental, solo tienen 365 días, añadimos un día bisiesto más cada cuatro años para tener en cuenta la diferencia.
Hace unos 4500 millones de años, la gravedad obligó a la Tierra a formarse a partir del disco gaseoso y polvoriento que rodeaba a nuestro joven sol. Con el paso del tiempo, el interior de la Tierra, formado principalmente por rocas de silicato y metales, se diferenció en cuatro capas.
En el corazón del planeta se encuentra el núcleo interno, una esfera sólida de hierro y níquel de 1221 kilómetros de ancho y que alcanza los 5426 grados centígrados. El núcleo interno está rodeado por el núcleo externo, una banda de fluidos de hierro y níquel de 2253 kilómetros de espesor. Más allá del núcleo externo se encuentra el manto, una capa de 2897 kilómetros de espesor de roca viscosa fundida sobre la que descansa la capa más externa de la Tierra, la corteza. En la tierra, la corteza continental tiene una media de 30 kilómetros de grosor, pero la corteza oceánica que forma el fondo marino es más fina -unos cinco kilómetros de grosor- y más densa.
Las fauna y flora permiten la vida en la tierra, puesto que cada planta, árbol, insectos, animal, aporta algo al ecosistema en el que vive, lo que ayuda a mantenerlo en equilibrio. Por ejemplo, las plantas ayudan a generar oxígeno (el cual es esencial para la vida de los seres humanos y varias especies de animales), y, por otro lado, los animales producen dióxido de carbono, lo que les permite a las plantas sobrevivir.
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